Ayuntamiento de Redueña 

 

Redacciones de mujeres de Redueña

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Vegetacion de la Dehesa

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Vegetación de la dehesa
revista sierra norte, nº 5. sptiembre octubre 2003. por Elena M.pdf (6.61MB)
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Descripción de Redueña en 1850

 

Historia de Gil y pollas

Al pío rey Felipe III, el que murió asado, le tenía muy preocupado la pública ostentación de riqueza de sus cortesanos en tiempos que no eran precisamente boyantes para el reino y por tanto para sus habitantes plebeyos. Tanto es así que se preocupó de promulgar alguna que otra premática dictando normas de qué se podía lucir y qué no, de cuantas varas de seda podía tener una basquiña y otras bagatelas por el estilo, todo ello rematado por una relación de las multas que podían caerle al infractor e incluso destierros si era reincidente. Ni que decir tiene que el pregón de tales prématicas cayó como una bomba entrelindos, pisaverdes y pollas de la época. O lo que es lo mismo, y hablando en términos actuales, de los pijos de entonces.

Para Don Baltasar Gil Imón de la Mota, Fiscal del Consejo Supremo de Castilla y Gobernador de Hacienda, no era la mayor carga de su vida la de ir a todas partes con un título tan largo cargado sobre sus espaldas, sino la de tener y aguantar en casa a una y mujer y tres hijas de lo más pijo de la Corte. Adelantadas en tres siglos al mayo del 68 en cuanto tuvieron noticia de laprématica, exclamaron aquello de ¡prohibido prohibir! y decidieron rebelarse, por lo que vistiendo sus mejores y más costosas galas se marcharon en el coche familiar al Prado, que era el sitio de lucimiento de la Corte, y una vez allí, no conformes con la sola ostentación de sus galas, organizaron una suerte de mitin donde pusieron como no digan dueñas a su majestad, nuestro señor, Don Felipe III, cosa muy mal vista en las monarquías absolutas de entonces. Se presentaron los alguaciles a poner orden y como las niñas se rebelasen y por ser vos quien sois, dejaron marchar a las polluelas y a la gallina madre que retornaron sanas y salvas a la casona familiar, todas ellas reflejando en su rostro la satisfacción del deber cumplido y la excitación que da el haber hecho algo prohibido. Pero ¡ay de ellas! Allí las esperaba Don Baltasar hecho una fiera, pues ya había llegado a sus oídos la trastada, y después de un fenomenal rapapolvos les impuso a todas el castigo de no volver a salir a la calle si no era vestidas de ¡monjas! Y así fue: desde aquel día vistieron ropa monacal.

Pero solo por esto quizá no hubieran merecido pasar a la historia, como sí pasaron por dejar un importantísimo legado cultural a los españoles todos. Como ya hemos dicho las niñas eran lo más del pijerío madrileño y harto tontinas. Por su cargo Don Baltasar era invitado a multitud de actos y saraos donde acudía siempre acompañado por las pijas, o “pollas” en el lenguaje de la época. Una vez allí D. Baltasar departía animadamente con los próceres de la actualidad, y, mientras tanto, sus pollitas iban a ocupar algún asiento que descubrieran desocupado, a esperar a que algún pollo (en masculino) se les acercase, cosa siempre poco probable dado lo insufriblemente tontainas que eran.¿Ha llegado ya Gil? – preguntaba alguien.

E invariablemente alguien respondía: 

-Sí, ya ha llegado Gil y, como siempre, viene acompañado de sus pollas.

Hasta que por economía de lenguaje la cosa terminó con un:

-Sí, Gil y pollas.

O Gil e hijas que hubiéramos dicho hoy. El caso es que Gil y pollas acabó convirtiéndose en gilipollas y dado el carácter tontín de las polluelas se acabó por usar el neo-palabro para referirse a la tontuelidad inconsciente, cualidad de tonto que no sabe que lo es, o sea lo que llamamos tonto de culo o más modernamente tonto de bici. Impagable legado el que hemos de agradecer los españoles a estas tontainas: una palabra recia y rotunda que nos permite definir con toda precisión a ese mismo en el que estáis todos pensando, y que de no existir nos obligaría a usar un montón de palabras para hacerlo.

Don Baltasar Gil Imón de la Mota vivió en su casona sita donde ahora se encuentra el Hospital de la Venerable Orden Tercera, V.O.T. para los que tengan prisa, en la Avenida de San Francisco. Una pequeña calle lleva su nombre y en la esquina de la misma con la Ronda de Segovia estuvo el portillo de la muralla de Felipe IV que también llevó su nombre.

 

Castro de redueña

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Vías Pecuarias 

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Zona Arqueológica de Redueña 

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